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  ¡Recuerde!  
     
    Los niños se ahogan en silencio, solo bastan unos segundos  
   
   

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  Otras Historias  
 

Mariana Novoa Espitaleta
15 de Enero de 2007

Desde nuestro dolor compartimos lo sucedido, por una situación que uno considera que nunca le ocurrirá en la vida. La compartimos porque deseamos que esto no vuelva a pasar a ningún padre, que usted esté seguro dónde y con quién deja a sus hijos. Queremos generar conciencia que los accidentes se pueden prevenir.

El sábado 13 de enero de 2007, decidimos pasar el fin de semana en la población de Melgar, a dos horas de Bogotá, capital de nuestro país Colombia, con el ánimo de disfrutar en familia y para que Mariana, nuestra hija, compartiera con su papá y

 

santi

 

conmigo, ya que el lunes ingresaba al jardín infantil donde había una piscina, entre otros servicios. Fue sin lugar a dudas un fin de semana maravilloso, compartimos con nuestros dos hijos; a mi princesa le encantaba socializar, jugamos todos ese día, su tío Giovanni le explicaba, así como todos nosotros, lo que era ir al jardín con otros niños, que no debía estar triste porque Papá y Mamá se alejaban por un rato, le indicamos lo agradable de jugar con los compañeritos y los peligros de la piscina. Ese sábado jugó sin parar con su patito y con un pececito eléctrico; a sus 23 meses todo le parecía nuevo, era inquieta y descubría cada cosa a su alrededor.

Tanto le insistimos en los cuidados y peligros de la piscina que reconocía el borde de la misma y cuando quería entrar pedía que alguien la acompañara. Estaba realmente feliz, los dos días fueron intensos y hoy cuando los recuerdo quisiera que el tiempo se hubiese detenido, que no acabaran nunca.

Regresamos a Bogotá la noche del domingo cansados del viaje, Santiago, nuestro hijo pequeño, se quedó dormido en su cuna y Mariana pidió quedarse en nuestra cama un rato más, hasta que llegó el momento en que su papi, como era habitual, somnolienta la llevó a su cuarto.

Al amanecer del lunes Mariana se levantó a las 7:20 de la mañana, nos llamó como siempre Papá!, Mamá!, la recogimos en su cuarto le dimos su medicina e hizo algo de pereza en la cama entre nosotros, a los pocos minutos Yesid, mi esposo, me recordó que Mariana entraba al jardín ese día, se ofreció a bañarla, mientras yo escogía una ropa bonita para arreglarla, al salir del baño la vestí con la ayuda de Ruth la empleada, se veía tan hermosa con sus dos colitas en su poco cabello; esa mañana desayunó mucho, yo me vestí y luego Yesid me dijo llévala tú, yo no alcanzo, ya se me hizo tarde, en ese momento llegó su abuelo, se vieron, jugaron, la abrazó… hasta que fue la hora de salir para el jardín, como era cerca de la casa nos fuimos las tres caminando, Ruth, Mariana y yo. Ese día estaba perezosa para caminar, Ruth la cargó un rato y le dije hay que obligarla a caminar, la bajó y Mariana se puso a llorar, entonces yo la levanté y la sostuve en mis brazos hasta llegar al Jardín. Al llegar, algunos niños ya estaban jugando en la arenera ella se integró fácil, se quitó las medias y se puso a jugar con ellos, mientras yo hablaba con María, la directora del jardín, por primera vez en ese día, le dije que le dejábamos a Mariana, que anotara mis teléfonos por si sucedía alguna novedad.

Salí a ver qué hacían los niños y me devolví a hablar con María por segunda vez, en esta ocasión le dije que Mariana en su bolsito llevaba compota por si le daba hambre; ella me comentó que para ese día las onces eran yogurt y frutita, también le recomendé la colita de Mariana para que no la limpiaran con trapitos húmedos pues tenia la piel sensible y le podía dar pañalitis nuevamente, ella me dijo acá los limpiamos con agua.

Salí de nuevo a ver cómo estaba, Mariana se retiró de la arenera, salió caminando hacia adentro, una de las profesoras la observó, fue tras ella, y la niña entró al salón de juegos, se puso a mirar y jugar con lo que le llamaba la atención, le dije se va mami, no te das cuenta, ella solo me miró y sonrió.

Por tercera vez me devolví, María me comentó que las clases de natación se iniciaban el miércoles, puedes estar con ella en la clase y en la piscina; seguramente por esta razón la piscina estaba cubierta con un plástico, luego de este comentario le dije a María tengan mucho cuidado con esa piscina!, ella me miró y me dijo tranquila no va a pasar nada!

Salí a la puerta y Ruth ya me estaba esperando, nos fuimos caminado, ella me dijo, ay sabe qué, usted no me mostró la piscina, le dije ya no nos vamos a regresar más, es una piscina común y corriente mañana la conoces, luego de ese comentario seguimos caminando en silencio de regreso a casa.

Salí para la oficina, mi día siguió común y corriente por que me habían dado seguridad en el jardín donde deje a mi hija.

Como a las 11 de la mañana, entró a mi oficina Diana mi asistente y me dijo: acaba de llamar Ruth, Mariana tuvo un accidente en el jardín!

Me levanté de mi escritorio como una loca, Diana me pasó la chaqueta y estaba confundida no sabía qué hacer, caminaba desesperada, salí al ascensor, pero decidí bajar las escaleras, a la mitad de éstas recordé que Ruth tenía teléfono celular, le marque y Ruth solo atinaba a decirme “la nena, Mariana está morada, no respira, María! María!”, yo le grité y le dije “tranquilízate, ¿qué le pasa a la nena?”, pero Ruth lloraba desesperada, estaba muy intranquila, no se le entendía lo que hablaba, vamos para la Clínica Shaio me decía. Luego de esa información en medio de mi angustia sólo podía decirle al señor del taxi “mi pequeña está muy mal, por favor vaya lo más rápido que pueda”. En ese momento llamé por teléfono a mi mamá, luego a mi hermana Zilac, les dije “Mariana sufrió un accidente!”. Luego llamé a Yesid. Fue un momento de tanta angustia, no entendía qué pasaba, ni me acordaba de la piscina!

Al llegar a la clínica entré corriendo al servicio de urgencias, aún hoy no recuerdo como me dejaron entrar; Mariana estaba con muchos médicos, nadie me decía nada, solo que le estaban haciendo lo necesario, yo sentí por mi cuerpo algo extraño, una señora al lado mío rezaba desesperada, luego vi que todas las personas que estaban al lado de Mariana se retiraban, en ese instante pensé Mariana ya no está, me acerqué y le pregunté al médico, y sólo atinó a decirme “se nos fue!”. Luego me dijo “hice todo lo que pude, la niña llegó sin signos vitales”, salí y le dije a mi mamá “Mariana murió…” Mi mamá estaba desesperada gritando, en ese instante llegó Yesid y le dije “Mariana se nos fue”, yo estaba en shock, no sabía qué hacer, me acercaba y la veía quieta en esa camilla, no podía creerlo! no podía entender que Mariana ya no estaba… me sentí impotente, sentí rabia, sentí todo lo que jamás había sentido, quedé paralizada por la angustia. Al instante me acerqué a Mariana, la besaba, la miraba y no podía aceptarlo. Yesid la besaba, yo no quería que se la llevaran, gritaba “no se lleven a mi niña!” no podía aceptarlo, es algo muy difícil de explicar, es sentir que mi chiquita se había ido…había muerto ahogada en la piscina de el jardín infantil a las pocas horas de haberla dejado allí, aún no sabemos realmente qué ocurrió, sólo DIOS y las personas a quienes se la confiamos conocen la realidad de lo sucedido y el por qué no la cuidaron y atendieron oportunamente. Hoy escribiendo esto, con lágrimas en mi ojos, siento la ausencia de mi niña día a día, el no tenerla es cada día más difícil. Tan sólo la confianza en DIOS, nuestro dolor y el saber que algún día estaremos todos de nuevo, es lo que nos fortalece y motiva a mantener viva la memoria de Mariana y a honrar su recuerdo, trabajando en la prevención de accidentes en los Niños de Colombia y del Mundo. Queremos con Yesid, mi esposo y toda nuestra familia trabajar a través de la Fundación Mariana Novoa, para que otras familias no pasen por una situación semejante, tan dolorosa y absurda , por falta conocimiento y prevención .

Hortensia María
Mamá de Mariana

Nicolás Espitia

Fuente: 
Diario El Pais

Indignación y dolor ha causado en el país la noticia de la muerte de un niño de 7 años que el pasado jueves fue absorbido por el ducto de una de las piscinas del Hotel Internacional Hilton de Cartagena. 

El pequeño Nicolás Espitia había regresado de la playa, en compañía de sus familiares, y se quedó en la piscina del hotel. Momentos después fue succionado por el ducto de limpieza. 

Al percatarse del hecho, el abuelo del menor, Guillermo álvarez, imploró la colaboración de quienes estaban cerca. “Cuando pedí ayuda, un señor se tiró al agua y agarró al niño. él trató de sacarlo, pero la presión del agua era tan fuerte que se llevó a Nicolás”. 

Desde entonces todo fue un caos. “Los turistas corrían de un lado al otro, buscaban al gerente, buscaban al jefe de seguridad…, duramos entre 45 minutos y una hora para tratar salvar al niño”, le narró el abuelo de Nicolás a los agentes de la Fiscalía regional. 

Después de la alerta y de la reacción de algunos huéspedes del hotel, funcionarios del Cuerpo de Bomberos debieron romper la tubería para lograr el rescate del cuerpo del niño. 

“Cuando rompieron el tubo empezamos a gritar: ‘¡por favor, por favor, sáquenlo con lo que puedan!’, entonces los encargados agarraron un garfio y lo cogieron con eso”, concluyó el abuelo de Nicolás. 

Hubo negligencia. Según explicó Mario Sánchez, uno de los testigos de la tragedia, hubo negligencia de parte del personal del hotel, no sólo por las malas condiciones en las que se encuentran las rejillas de la piscina, que estaban “podridas” y más de la mitad rotas, sino por la pasividad de los empleados del mismo. 

“Los únicos que reaccionaron objetivamente fueron el señor que intentó sacar el niño y el abuelo”, aseguró Sánchez. 

Aunque el menor fue llevado de inmediato al Hospital de Bocagrande, nada pudo hacer el cuerpo médico por salvar la vida de Nicolás. 

“Llegó sin signos vitales, la reanimación no surtió efecto, pues ya habían transcurrido más de 15 ó 20 minutos de paro cardiorrespiratorio”, señaló el director del Hospital de Bocagrande, Antonio Martínez. 

Las investigaciones. Las autoridades distritales de Cartagena y la Fiscalía iniciaron de inmediato una investigación para determinar las responsabilidades en este caso. 

De momento se investigan varias fallas en la seguridad de la piscina, entre ellas un ducto de cerca de 40 centímetros de diámetro sin reja de protección y la falta de salvavidas. 

El personero de Cartagena, Fabio Castellanos, pidió que sean las autoridades las que se encarguen de determinar las responsabilidades. 

“Será la Fiscalía la que determine si hubo culpa o, por el contrario, actuaron de manera diligente a fin de evitar esta situación. La investigación penal y la investigación administrativa determinarán si se cumplieron o no con todas las normas de seguridad y protección”, aseguró Castellanos. 

El gerente del Hotel Hilton Cartagena, Vinod Agarwal, dijo que internamente se adelantará una investigación, al tiempo que lamentó lo sucedido. 

Hacen falta normas claras 

Actualmente se encuentra en trámite una propuesta en la Comisión Primera de la Cámara para dictar normas de seguridad en las piscinas. 

Pese a que en algunas ciudades como Cali y Medellín se han dictado normas y disposiciones especiales para el control y la seguridad en las piscinas públicas y privadas, es poco lo que se ha hecho a nivel nacional por lograr una reglamentación a estos sitios de recreación. 

Todo lo que existe hasta el momento es un proyecto de ley que fue presentado el año pasado por los representantes a la Cámara Karime Mota, Carlos Fernando Motoa y Carlos Arturo Piedrahíta. 

La propuesta, conformada por diez artículos, contempla el encerramiento que deben tener las piscinas, para evitar que niños menores ingresen por accidente Se exige, además, una serie de medidas de protección y señales automáticas para evitar que los bañistas queden atrapados en los tubos de drenaje. 

Igualmente, se establecen los tipos de sanciones a las que quedarán expuestas las personas responsables de estos sitios que infrinjan las citadas normas de seguridad. 

Antecedentes 

Enero 16 del 2007: una niña de 2 años se ahogó en la piscina del jardín infantil Froogies, en el norte de Bogotá. La pequeña había asistido a su primer día de clases. 

Junio 12 del 2006: Daniel Chitiva Gaviria, estudiante de 12 años del colegio Nicolás Esguerra, de la localidad de Kennedy, en Bogotá, murió ahogado en una piscina durante una excursión del colegio a Carmen de Apicalá, en el Tolima. 

Junio 10 del 2006: al caer a la piscina de su conjunto residencial, en Neiva, muere el pequeño Santiago, de 5 años de edad, quien era hijo de la dermatóloga María del Pilar Molina. 

Octubre 8 del 2005: una niña de 9 años de edad pereció ahogada en una piscina del Centro Vacacional Sinaí, a las afueras de Medellín. 

Diciembre 22 del 2004: Laura Tatiana, una niña bogotana que pasaba sus vacaciones en un centro recreacional de La Dorada, Caldas, murió ahogada en una de las piscinas. 

El número 

176 niños menores de 10 años fallecieron ahogados en Colombia durante el 2005. La mayoría de ellos fue en piscinas. 

“Sólo Dios sabe que quise ayudar al niño” 

La persona que por última vez tuvo a Nicolás en sus manos, mientras intentaba rescatarlo del ducto de la piscina, fue Juan Restrepo Mejía, quien en diálogo con Caracol Radio narró el drama que se vivió en los minutos previos a la muerte del menor. 

“Estaba sentado cerca a la piscina cuando mi suegra me dijo que mirara hacia el fondo de la misma. Era como un pedazo de pelo, no se sabía qué era, si era un niño o una niña. 

“Me tiré de inmediato. Quedaba parado, el agua me llegaba a la cintura, pero al niño ya lo había empezado a coger el tubo. Lo trataba de halar, con todas mis fuerzas, casi me reviento. Mientras más halaba más se lo llevaba, hasta que se me soltó. 

“Fue un momento muy doloroso, de impotencia, pero sólo Dios sabe que quise con todas mis fuerzas ayudar al niño. Sentí que él me rasguñó muy duro las manos, pero se me fue. 

“Estaba muy triste, lloré. La mamá del niño se me acercó y me dijo que ella sabía que yo había hecho todo lo que había podido para salvar a su hijo. Es muy triste, de verdad. Es una desesperación muy ‘verraca’”. 

“Sólo se oyó un fuerte ruido”. Otro de los testigos, y quien grabó con su celular los momentos dramáticos que vivieron la tarde del jueves los huéspedes del Hotel Hilton, fue el ingeniero Mario Sánchez. 

“Estaba en un restaurante en el segundo piso, al lado de la piscina, cuando oí unos gritos y vi a una persona en el fondo del agua. Salté por el balcón y vi a un señor de edad que gritaba desesperado: ‘¡ayúdenme a sacar el niño, por favor, ayúdenme!’. El niño estaba, al parecer, a la orilla de la piscina cerca a la boca de succión cuando se lo chupó. Un señor lo halaba de las manitos, pero se fue por el ducto y sólo se oyó un fuerte ruido. 

“No había gente del hotel para rescatarlo. Sólo 17 minutos después llegó un auxiliar, como de la Defensa Civil, pero tampoco sabía qué hacer. 

“Los huéspedes decían que apagaran la bomba, otro señor sugirió que desocuparan la piscina. Después hicieron las dos cosas, pero la bomba seguía chupando. Yo seguía tomando el tiempo para ver cuánto podía durar el niño. 

“Cuando vimos la boca del ducto tenía unos 30 ó 40 centímetros. Yo cogí el único pedazo de la reja de plástico que había, estaba en muy mal estado. Una persona del hotel se acercó y me dijo que se la entregara, pero no lo hice porque se me ocurrió que esa era la única prueba que tenía. Le llevé el pedazo de rejilla al abuelo, lo acompañé, lo abracé, era una persona absolutamente desesperada”.


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Virginia Graeme Baker
Fuente: Safe Kids

En junio 15 del 2002,  Virginia Graeme Baker (llamada cariñosamente por sus amigos y familiares como  Graeme), nieta del Secretario de Estado James Baker, fue con su madre, Nancy, y cuatro hermanas a la casa de unos amigos,  a una fiesta de graduación.  

La celebración era al aire libre,  y el centro de atracción era la piscina y el jacussi. 

Graeme llevaba puesto el vestido de baño,  y saltó  a la piscina tan pronto como llegó.  Al poco tiempo, la hermana mayor, avisó a su madre que  Graeme estaba  bajo el agua,  en el jacussi  y no podía salir.  Nancy corrió hacia allí,  y no podía ver a su hija por que las burbujas oscurecían el agua.

Nancy saltó dentro del jacussi,  y vió a su hija inconsciente,  su cuerpo se movía únicamente por la corriente creada por el remolino del agua.  Trató desesperadamente de sacarla,  pero no pudo moverla,  y  no podía entender, porque no podía salir a

la superficie.  Dos hombres adultos que habían ido a la fiesta, finalmente,  le ayudaron a liberarla.  Fue llevada al  Hospital Fairfax en Virginia donde certificaron su muerte.   Aún la madre,  no entendía porque  su hija se había ahogado.
Graeme de 7 años de edad,  era miembro de un equipo de natación y calvados,  y asistía  a clases desde los 3 años.  Pero su muerte por ahogamiento,  se produjo por atrapamiento,  al ser sujetada bajo el agua por cientos de libras de la fuerza de succión del tubo de drenaje del jacussi.  
Prevenir muertes como la de Graeme,  ha sido la mayor motivación de Nancy para trabajar con safe kids Worldwide.  Ha movilizado otros padres para lograr una legislación,  que se hizo realidad el pasado diciembre del 2007.

Aziza Ghori
Fuente: Safe Kids

En diciembre del 2002, Aziza Ghori de 10 años y su niñera,  acompañaron a su padre, Amjad Ghori, a la India, en un viaje de negocios y vacaciones familiares. 
 
Amjad había escogido el  U.S.-Based  Hotel  Chain,  por su excelente reputación en los Estados Unidos    El último día del viaje,  el 27 de diciembre,   Aziza y su niñera,  bajaron al área de piscina  unas horas antes del viaje,  en la tarde.
Hacia las 11:40 de la mañana,  casi media hora luego de haber llegado a la piscina,  la electricidad del hotel se cortó.
Como son frecuentes  los cortes de luz en la India,  el padre de Aziza no pensó que algo estuviera mal.  Dos minutos más tarde, recibió una llamada de un mesero,  que le pidió que bajara al área de piscina,  sin otra explicación.
Amjad bajo  rápidamente las escaleras,  llego al área de piscina,  y lo primero que vio fue a la niñera de Aziza,  sostenida por dos personas a un lado de la piscina.   Ella estaba histérica,  gritando "no tengo la fuerza suficiente para sacarla".    Luego  Amjad vio

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a Aziza siendo halada  por  no  menos de 5 hombres,  y puesta a un lado de la piscina.  El no podía creer lo que estaba sucediendo,  y comenzó  a darle reanimación cardio pulmonar RCP.    Mientras  trataba de salvar a su hija,  gritaba pidiendo un doctor.
Cuando  giro el cuerpo de Aziza,  notó  la marca azul del drenaje donde, presumiblemente, había  sido atrapada.   Continúo dándole  RCP,  hasta llevarla en una camilla al hospital,  donde le confirmaron que había sido atrapada debajo del agua por la succión del drenaje.


Previo a esto,  la familia Ghori  no era conciente de los peligros de los drenajes de las piscinas y jacussis,  y menos la posibilidad de perder  a su hija,  de esa manera tan horrible. 
Aziza  era una nadadora fuerte,  robusta,  de 10 años de edad,  al menos 5 pies de altura,  y pesaba casi 50  kilos.   Pero no comparable,  con las 9.5 pulgadas de diámetro del drenaje,  que ejercía una presión de succión de 275 kilos por pulgada cuadrada.   

En retrospectiva,  esta tragedia habría sido fácilmente evitada, si se hubieran seguido  algunas medidas de seguridad.  Por lo menos el motor de la piscinas,  debería tener un apagado automático .

Los padres de Aziza a través de la Fundación Aziza Ghori,  se han dedicado  a  alertar a los padres de los peligros de los drenajes de  las piscinas.   Y trabajan en unión con Nancy Baker  y Safe kids, para  prevenir y evitar que otros niños sufran esta fatalidad.

Tragedia sufre comunicador Cristián Warnken Lihn

Su pequeño hijo falleció tras caer a la piscina de su casa.

Lunes 24 de Diciembre de 2007
19:30
El Mercurio Online
Santiago de Chile.

SANTIAGO.- Un pequeño hijo del académico y comunicador Cristián Warnken falleció esta tarde tras caer a la piscina de su hogar en Vitacura.

El niño Clemente Warnken Pavlovic, de dos años y nueve meses, fue llevado hasta la clínica Alemana, en el sector oriente, donde fueron inútiles los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida. Sus funerales se realizarán mañana.

La tragedia enluta a Cristián Warnken, profesor de literatura y comunicador, creador y conductor del programa “La Belleza de Pensar” y “Una Belleza Nueva”. Es también columnista de la página editorial de “El Mercurio” de Santiago y Director de la escuela de literatura de la U.

 
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